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miércoles, marzo 22, 2017

Catarsis o el reencuentro del yo

No sé si les haya pasado, pero últimamente  me he sentido pequeñita, pequeñita. Lo cual no es necesario ratificar que no corresponde con mi volumen actual.

Pero no sucede a la hora del ajetreo diario, ni cuando organizo el día, ni cuando hago la lista del mandado, ni siquiera cuando me siento a tomar impulso durante la tarde; únicamente sucede al recostarme, y estoy plenamente segura que no es un sueño, estoy en otro plano de conciencia, pero no estoy dormida.

Cierro los ojos y me siento prietita y pequeñita como un frijol en medio de un vacío enorme blanco, a pesar de que mi conciencia sabe que está rodeada de paredes, cosas, esposo, mi percepción espacial NO LOS SIENTE. La primera vez que sucedió no le tomé demasiada importancia, pues a final de cuentas salvo la cama, no tocaba nada más en absoluto, sin contar que moría de sueño.

Hoy después de volver de una junta de la escuela me recosté al lado de mi marido, cerré los ojos y ¡desapareció todo! mi sentido del tacto sabía que el hombre estaba ahí, su espalda contra mi pecho, mi brazo sobre él y aún así no lo sentía, como no sentía el resto de las cosas alrededor.

Y me asusté, MUCHÍSIMO.

No pienso limpiar otro baño, ni pensar en otra comida, o recoger a mi hijo de la escuela hasta que empieze a buscarme y encontrar donde me quedé olvidada. No está nada mal, pero tampoco está todo bien, es -espero- una llamada de una relación que dejé desatendida por muchos años: la que tenía conmigo.

 Básicamente por eso estoy aquí hoy.
Me parece un buen punto de inicio de donde puedo estar.
Deseenme suerte, la necesitaré.

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